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Eloy Alfaro, prócer ecuatoriano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Antonio Alfaro de Prado   
Lunes, 16 de Febrero de 2009 18:44

  Biografía de ELOY ALFARO  

Incluimos aquí una breve biografía de este excelso político ecuatoriano de gran trascendencia, no solo en su país, sino en toda América. Reconocido mundialmente, son cientos las calles y plazas que llevan su nombre.

Plazoleta dedicada a Eloy Alfaro en Buenos Aires
(Agradecemos las fotos a Analía Montórfano, desde Argentina)

Artículo publicado en el prestigioso periódico ecuatoriano El Telégrafo:

Eloy Alfaro, el personaje del siglo

La acción gubernamental de Alfaro, los diversos períodos que ejerció como jefe de Estado, su monumental construcción del ferrocarril, la obra más importante que hasta entonces había edificado la República, que sirvió para que el País cimiente su encuentro físico; y su visión de estadista, se expresó no solamente en las leyes normadoras, sino en la creación y el impulso febril de la acción pública, particularmente educativa, en toda la República.

Por Raúl Falconí

El ecuatoriano que más influencia ha ejercido en la vida de la República y en este siglo es el presidente Eloy Alfaro. Su lucha por instaurar los principios liberales transformaron al Ecuador, le dieron coherencia nacional, modernizaron sus instituciones, tratando de convertir una sociedad conservadora en un Estado progresista.

La acción gubernamental de Alfaro, los diversos períodos que ejerció como jefe de Estado, su monumental construcción del ferrocarril, la obra más importante que hasta entonces había edificado la República, que sirvió para que el País cimiente su encuentro físico; y su visión de estadista, se expresó no solamente en las leyes normadoras, sino en la creación y el impulso febril de la acción pública, particularmente educativa, en toda la República.

Accionar trascendente

Su acción como gobernante y visión de estadista y latinoamericano, rebasaron las fronteras del País. Su sueño y gran parte de su esfuerzo se orientaron a la restauración de la Gran Colombia y más ampliamente todavía a la formación de una Confederación Latinoamericana de Naciones y Pueblos. Su percepción de estadista estuvo presente en las luchas por consolidar la independencia de los pueblos centroamericanos y se vio honda y notablemente inmerso en los esfuerzos de Cuba por alcanzar su independencia nacional.

Sus luchas empezaron en las últimas décadas del siglo pasado, combatiendo los gobiernos de Ignacio de Veintimilla, Plácido Caamaño, Flores y Cordero, algunos de cuyos mandatos se caracterizaron por la tiranía, corrupción e ineficacia.

A Alfaro le tocó vivir una época de un Ecuador que sin cimentarse y sin haber logrado conformar una unidad nacional, se caracterizaba por una inestabilidad política, falto de cohesión entre sus dos importantes regiones, hondamente influido por un clericalismo con frecuencia sectario y en ocasiones cerril, que concibió la lucha de este hombre como la de un jacobino enemigo de la religión y de la iglesia, a la cual en repetidas ocasiones demostró su respeto; plagado de administraciones corruptas donde las riquezas fiscales se derrochaban y malgastaban en dispendios y francachelas, sin siquiera una vía importante que permitiese una comunicación física adecuada entre sus dos principales ciudades, con problemas territoriales con Colombia y Perú, con un analfabetismo completamente generalizado y mayoritario y con el sector de su población indígena todavía sumido en opresiones de tributos especiales y leyes injustas.

Fecunda labor

En sus períodos como jefe de Estado, desde 1895 a 1901 y de 1906 a 1911, Alfaro desarrolló una labor enorme, primero con la implantación de las leyes liberales directamente nacidas de su decisión o las inspiradas por él en el período de Leonidas Plaza, que se recogieron en la Constitución de 1906 y en las leyes especiales que contemplaban la separación de la Iglesia y del Estado, la Ley de Cultos, las que regulaban las relaciones de familia, las de libertad de conciencia, de garantías de derechos políticos, de supresiones de impuestos y tributos especiales. En fin, instituyó una nueva institucionalidad, cuyos fundamentos moldearon la sociedad ecuatoriana del siglo XX.

Su obra pública más importante fue la construcción prácticamente íntegra del ferrocarril Guayaquil-Quito, que inicia la consolidación física del Ecuador y permite su in-tegración. Recogió los trabajos apenas con 60 kilómetros de vías inadecuadamente construidos y con una visión, empeño y energía excepcionales, afrontando las críticas inmisericordes que le imputaban todo lo malo, celebró el contrato de su construcción en 1897 y tramo a tramo impulsó sus esfuerzos hasta su inauguración en Quito, el 25 de junio de 1908, generando la mayor explosión de alborozo, de orgullo nacional y de satifacción que había conocido la República.

Impulsó la educación

Su labor para impulsar la educación fue permanente y fecunda. Construyó los colegios normales de Quito y Guayaquil, algunos de los más importantes establecimientos de educación pública en la República. Instituyó como universal, obligatoria y gratuita, la educación primaria, se abocó a la construcción de edificios públicos indispensables para la época, de obras de infraestructura sanitarias e higiénicas en Quito y Guayaquil, de carreteras importantes, inició los trabajos de tramos adicionales del ferrocarril como el de Quito-Ibarra, el de Manabí, El Oro y el Austro. Su obra pública fue como la de la reestructura legal y jurídica de la República: amplia, vasta y nacional.

La honorablidad de sus procedimientos y su pulcritud resistieron las críticas y acusaciones que permanente e intermitentemente se le imputaban. Cuando en el ejercicio de la Presidencia de la República le tocó enfrentar un insolente ultimátum del gobierno peruano que amenazaba con la guerra, lejos de amilanarse, no vaciló en aprestar y organizar la defensa nacional, hasta que el gobierno del sur retiró el ultimátum.

Su nombre como líder latinoamericano está presente en la historia de Centroamérica, de Colombia, de Venezuela, de Cuba, de España, donde subsisten monumentos erigidos en su honor. Aun su martirio engrandece su figura.

Eloy Alfaro es, sin duda, la máxima figura de la historia republicana del Ecuador e incuestionablemente el más destacado personaje de este siglo.


Otra biografía interesante de D. Eloy Alfaro en Ecuador Online


 
© 2009 Antonio Alfaro de Prado. La página de los Alfaro fue iniciada el 1 de septiembre de 1997.
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