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Padre Diego de Alfaro, mártir jesuita PDF Imprimir E-mail
Escrito por Antonio Alfaro de Prado   
Lunes, 16 de Febrero de 2009 18:46
Vida del jesuita Diego de Alfaro

Como queda recogido en la biografía del oidor Francisco de Alfaro, este destacado jurista tuvo por hijo de su primer matrimonio al sacerdote jesuita Diego de Alfaro. Este linaje procedía de Sevilla y debido a la actividad del jurista Don Francisco, recorrió América desde Panamá hasta la Audiencia de Charcas.

Notas biográficas

Reproducimos aquí el capítulo dedicado al Padre Diego de Alfaro en la obra Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús, escrita originalmente en latín por el Padre Nicolás del Techo entre 1682 y 1687, que fue reimpresa y traducida al castellano por Manuel Serrano Sanz, en 1897.

El tomo V, libro XII, contiene este capítulo:

CAPÍTULO XXXII

VIDA DEL P. DIEGO DE ALFARO.

Fué hijo de D. Francisco de Alfaro, Oidor de las Audiencias de Panamá y Chuquisaca y Consejero en Madrid. Estudió las primeras letras en Lima; luego navegó á España y cursó en Salamanca. Ingresó en la Compañía, y á los cuatro años, ávido de expediciones apostólicas, siendo Procurador el P. Juan Viana, marchó al Paraguay. En Córdoba del Tucumán se consagró á la ciencia, y se le amortiguaron sus deseos de hacer bien á los indios; el cielo se los excitó con esta ocasión. Pasando un río, se le fué la vista y cayó del caballo al agua; un indio lo sacó á la orilla; vuelto al Colegio, fijó los ojos en su salvador, y exclamó: «Ya que Dios me libró de la muerte por obra de un indio, en cuanto mis Superiores lo consientan, me consagraré á labrar el bienestar de los indios.» Cumplió su voto, pues ya ordenado de presbítero, pudiendo enseñar Filosofía y Teología, con humildes ruegos solicitó que lo destinaran á las misiones del Uruguay, donde permaneció hasta que los Inquisidores de Lima le nombraron Comisario del Santo Oficio. Con este motivo marchó á regir el Colegio de la Asunción, y si dejó á los indios, fué con el cuerpo, que en el alma los tenía presentes, y los socorrió con cuanto pudo. Acabado su rectorado, suplicó, llorando, que lo enviasen de nuevo á las misiones; elegido Superior de los jesuitas del Paraná y Uruguay, como buen pastor, arriesgó durante cuarenta años su vida por sus ovejas. Los indios llevaron su cadáver á la ciudad de la Asunción, y le pusieron una corona de mártir. El Provincial Diego de Boroa, en un sermón, afirmó que así debíamos considerarlo, contra algunos que pensaban lo contrario; lo mismo escribieron el P. José Oreghi al Provincial en una carta consolatoria, y Alegambe en su Catálogo; pero el último dice que será mejor esperar la decisión pontificia; yo juzgo también que esto es lo acertado. Lo que sí aseguro es que el Padre Alfaro fué hombre de muchas virtudes, prudente en su gobierno, capaz de altas empresas y de condiciones apostólicas. Cuando desempeñó el cargo de Comisario del Santo Oficio, trató con suma integridad las cosas de la fe. Mientras la paste duró, asistió á los indios enfermos de día y de noche. Hablaba á la maravilla el idioma de los bárbaros. Para insinuar la piedad en los corazones de éstos, hacía con sus manos altares, procuraba la construcción de iglesias y no se desdeñaba de ninguna obra por baja que fuese. Defendió calurosamente la Inmaculada Concepción; noches enteras las pasaba escribiendo estas palabras con letras grandes: «María concebida sin pecado original.» y clavaba las cédulas en las puertas de sus compañeros para excitarles á ser piadosos. Dos meses antes de morir, aseguró que los mamelucos le quitarían la vida, porque oyendo nombrar á éstos, por un secreto impulso, se consagró á la defensa de los indios. La víspera de su muerte escribió á un amigo: «Voy á los enemigos, que me atravesarán de un balazo.»

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Quienes quieran conocer al completo las vicisitudes del Padre Diego de Alfaro en las reducciones del Paraguay, pueden consultar el libro duodécimo al completo transcrito por la Biblioteca Virtual del Paraguay

El Museo y Archivo Histórico de Apóstoles "Padre Diego de Alfaro"

La ciudad de Apóstoles se encuentra en la provincia argentina de Misiones que constituye una lengua que se adentra entre el Paraguay y Brasil. Tiene su origen en la reducción jesuita que fundaron los Padres Diego de Alfaro y Pedro Álvarez en 1633 con el nombre de Natividad. Tras pasar por algunas reubicaciones y cambios de nombre, pasó a denominarse definitivamente "Apóstoles Pedro y Pablo" o apocopado "Apóstoles" en 1644 por parte del Padre Nicolás del Techo, asentándose en su actual ubicación en 1652.

Para conmemorar su origen y la labor de los jesuitas, se acordó denominar al museo y archivo histórico de la población con el nombre de su fundador y mártir el Padre Diego de Alfaro.

Imágenes tomadas de la web oficial de la Municipalidad de Misiones, donde se detalla el origen y contenido de este museo.

 

 

 

 

 
© 2009 Antonio Alfaro de Prado. La página de los Alfaro fue iniciada el 1 de septiembre de 1997.
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