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En la obra "Historia de la Antigua y continuada nobleza de la
Ciudad de Jaén...", obra de Bartolomé Jiménez Patón, impreso en Jaén en 1628, se
menciona Sancho de Alfaro, que fue un destacado capitán y regidor de esta
población a finales de 1400, así como una anécdota referida a Francisco de
Alfaro:
...Aunque en razón del tiempo en que vivió, se le
había de dar en otra
parte lugar al famoso Sancho de Alfaro, de quien tanto los
historiadores
antiguos dicen, no es razón dejar de hacer memoria de la que merece
su
persona, pues su gravedad nos declara muchas ocasiones en que se ve
cuan
grande caballero y cuan valiente capitán. Fue en tiempo del famoso
obispo
Don Gonzalo de Zúñiga, mas porque otras historias le celebran y se
ha pasado
la ocasión, no fuera razón dejar de decir algo de su descendiente
famoso
también por su valor; este es Don Francisco de Alfaro, que hoy está
por
capitán y sargento mayor de Puerto Belo, refiriendo por la brevedad
un caso
solo, aunque pudiera otros muchos. |
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El enemigó inglés llegó una noche a reconocer los
castillos de Puerto Belo
en tres lanchas y temiendo no ser descubierto aguardó a que saliese
del
puerto Iulio, un extranjero, que iba a hacer tablas, al cual cogió,
y con
grandes amenazas le hizo que volviese con él al pueblo y que hiciese
lo que
le ordenase, como lo hizo. Con esto, llegando al puerto y
preguntando las
guardas qué gente o quien vive pudo dar el nombre del santo que
sabía el
Iulio cual era, con lo cual entró y por estar todos sepultados en
sueño, que
era poco más de media noche, tomó el pueblo sin resistencia. Los que
fueron
despertando y conocieron que el enemigo se había apoderado del lugar
se
fueron huyendo a las montañas cercanas. En esta ocasión estaba Don
Francisco
de Alfaro en el pueblo de los negros, apaciguándolos, y vino aquella
mañana
y llegó a Puerto Belo al amanecer y sintió el ruido del enemigo, que
iba a
apoderarse de la iglesia y de lo fuerte del pueblo y para ello iba a
pasar
la puente del riachuelo que por allí entra al mar, para estorbarlo
se arrojó
al mar y con su espada y rodela (como otro Horacio Coclite en Roma)
defendió
valientemente la puente, hiriendo a tantos de ellos que puso miedo a
los
demás y no osaron pasar. Y aunque le hirieron en dos o tres partes,
no dejó
de pelear invenciblemente, sustentándose más de tres horas, dando
voces a
los del pueblo que se juntasen, como lo hicieron. Vino una compañía
del
castillo con lo cual se retiró el enemigo a sus lanchas y cogió
algunas
barcas nuestras y alguna gente que después rescató. Y han contado
que el
enemigo no se cansaba de alabar la animosidad y valiente corazón de
Don
Francisco de Alfaro. Porque la virtud tiene tal fuerza que hasta los
enemigos la alaban y estiman. |
Este relato se refiere a Francisco de Narváez Alfaro, quien en 1602 llegaba a la
importantísima población de Portobelo (Panamá) para tomar posesión del empleo de
Sargento Mayor de Tierra Firme. Permaneció en América hasta su fallecimiento en
1630, alcanzando el rango de Maestre de Campo.
No debió tener descendencia ya que legó sus bienes, mediante
la creación de sendos mayorazgos, a su hermana María de Mendoza, casada con
Lorenzo de Biedma Sotomayor, y a su sobrina Mariana de Alfaro, casada con Gaspar
de la Cueva y Ludeña.
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